SE BUSCA VECINO QUE NO HUYA

CONCELLO DE PORTO DA BRÉTEMA

Alcaldía-Presidencia de una villa que aún no existe
Sección de Permanencias Voluntarias y Regresos no tan Voluntarios

NOTIFICACIÓN 01/3/2026

INVITACIÓN/OFERTA FORMAL 

Se comunica al vecino cuyos datos obran en poder de esta Administración que, habiéndose tenido constancia de su rechazo a venir y de su decisión de quedarse en la ciudad de Madrid, este Concello formula invitación expresa a reconsiderar dicha decisión.

A tales efectos, se le informa de que la no aceptación de la presente invitación supone la pérdida de todos los beneficios no publicitados oficialmente, pero reservados a quienes se deciden, por su bien, a instalarse con nosotros.

Entre dichos beneficios se incluyen, sin carácter exhaustivo, inmueble tradicional susceptible de adjudicación afectiva (casiña de piedra con orientación oeste), local a pie de puerto destinado a iniciativa propia y 100 sacos de patatas da terra.

El silencio administrativo en materia de arraigo será interpretado por esta corporación como una lamentable renuncia voluntaria.

Contra esta notificación solo cabe el recurso de quedarse.

Porto da Brétema, a los efectos oportunos.

O Alcalde de una villa que aún no existe

Carta no oficial encontrada fuera del concello escrita por una mujer que aún deja una luz encendida por si todavía te decides venir

No sé si esta parte debería existir. No lleva sello ni registro de entrada. Pero alguien tenía que escribirla. Soy una vecina que no figura en ningún padrón emocional, pero que nota cuando falta un nombre en la plaza. Soy una vecina que ha visto demasiadas maletas salir cuesta arriba y sabe el ruido que dejan detrás. Soy una vecina que preferiría verte abrir una persiana aquí antes que perderte entre luces que nunca saben quién eres.

No sabes todo lo que estás dejando escapar por quedarte en Madrid, aferrado a su ruido constante, a la velocidad que no te deja pensar, a esa luz artificial que convierte cada noche en una prórroga interminable. Te quedas donde todo ocurre, sí, pero donde casi nada se detiene lo suficiente como para sentirse de verdad. Confundes movimiento con avance, y vértigo con propósito.

Aquí las cosas no ocurren tan deprisa. Ocurren más hondo.  No tenemos esa prisa madrileña por llegar antes incluso de saber cuál es nuestro destino. Aquí no medimos la vida en semáforos ni en agendas que se pisan unas a otras.

Aquí las cosas no corren, se quedan el tiempo suficiente como para echar raíces. Sólo corren los perros que conocen a todos los vecinos y los saludan con un natural ceremonial canino no «veterinariado».

Dicen que te ofrecen ahí mil oportunidades. Aquí no sabemos decir esa palabra sin que suene grande. Lo que sí sabemos ofrecer, palabra de político, es una casiña de piedra, pequeña pero entera, con una ventana que mira al oeste y le roba cada tarde un color distinto del cielo. No es moderna. No tiene ascensor. Pero tiene silencio. Y el silencio aquí no pesa, acompaña.

También hay un local a pie de puerto. Otra palabra del alcalde. Reconozco que si un político cumple dos promesas es plusmarca de Guiness. Todavía no tiene nombre. Podría llevar el tuyo. Podría ser una cafetería, una librería mínima, un taller donde inventes algo que en Madrid sería uno más y aquí sería el único. No te prometo éxito. Te prometo espacio.

Los 35 grados en Madrid te invitan a un llenazo de terrazas, es verdad. Pero… ¿Y el asfalto convertido en chapapote? ¿Y esa sensación de estar en el centro cueste lo que cueste? Pero te perderías salir cinco minutos y encontrarte con el mar cuando el día ha sido un «demasié de furibundas actividades». La mejor medicina es apoyarte en el muro del puerto y dejar que el viento te ordene la cabeza sin pedirte nada a cambio.

Te quedas donde siempre hay luz, pero renuncias a ver un cielo que arde al atardecer sin competir con neones. Te quedas donde todos hablan, pero te pierdes conversaciones que no se pisan, que se dejan terminar. Y te escuchan. Aquí nadie te pregunta qué has conseguido. Te preguntan si estás bien. Y esperan la respuesta. Les interesa.

Caminar por esta costa es entender que la vida no es solo avanzar, sino resistir. Las olas rompen una y otra vez contra la piedra y nadie las aplaude. Y aun así vuelven. Y en Madrid la gente se cansa de ver las mismas caras de cabreo una y otra vez.

Lo que más me duele no es que no vengas. Es que quizá nunca llegues a saber quién habrías sido aquí. Con una casa que te habla cuando sopla el viento. Con unas contras que abres tú cada mañana. Con el océano delante, no como paisaje, sino como interlocutor.

Dicen que, si no respondes en un plazo establecido, reasignarán la casiña, el local y las patacas a otra persona. Aquí eso suena a trámite. Pero yo sé que no es un trámite: es una oportunidad que pasa solo una vez.

Quedarte en Madrid es legítimo. Pero no es inocuo. Perderse aquí no es desaparecer. Es empezar. Y todavía estás a tiempo.

Maruxiña, la que prefiere esperarte antes que ver la casiña con otro. (Del libro Galicia queda al norte en el blog falogalego.com) (1994-2026)

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